
Tal vez la conciencia sea más importante que la felicidad: esta última puede también ser la propia del tarambana, y como tal, efectista, vacía, mezquina.
En cambio, la conciencia nos lleva inevitablemente a la sabiduría, y la sabiduría muy posiblemente nos lleva a la felicidad: disfrutar la vida en su enorme contradicción; aceptar la efimeritud; no temer al orden natural de las cosas; disfrutar el presente, que es lo único seguro.